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San Nicolás, Argentina, 1905-1962
III
Mi vida recupera lo que ha borrado el tiempo:
los rostros, la mirada, la sombra de mis muertos.
Alzo su cruz, su sangre y su destino,
y en sus menguadas fuentes renazco y me alimento.
En dura piedra escribo
su vocación de zambas y vihuelas,
y en plenitud de amor llevo conmigo
su estatura moral y permanencia.
No; no podrán amortajar los ríos,
ni enmudecer los árboles talados.
Prolongando en la tierra sus latidos,
los oscuros muñones dialogan con los astros.
Convocando chingolos y ganados,
me llaman y me nombran las voces de los muertos.
Yo recojo su sangre y su abolengo;
su potestad de grillos y jilgueros
en mareas de luz y cauces subterráneos.
Yo levanto su voz y la proclamo
en su jurisdicción de pampas y caballos.
Quiero acunar su sombra entre mis brazos,
abroquelado en llanto y sal de su vigilia.
Quiero aventar sus sueños como un montón de pájaros,
y renacer cantando de escombros y cenizas
en la voz de este río que adormece sus párpados.
¡Oh muertos de mi sangre que duermen en su orilla
su sueño melancólico de musgos y lloviznas!
No; no podrán amortajar los ríos,
ni enmudecer los árboles talados.
Prolongando en la tierra sus latidos,
los oscuros muñones dialogan con los astros.
Fuente: Poemania 10-
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